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Hay que salir a la calle y vivir la ciudad, es urgente encontrarnos y reconocernos, es la forma más clara de construir ciudadanía.

Durante la última década del siglo pasado y primera de este, las ciudades entraron en América Latina en un proceso de re-densificación algo invasivo, puesto que extender un poco más el tiempo la vida útil de las ciudades y aprovechar al máximo su territorio era necesario de cara a la exagerada normativa que empezaba a aplicarse con rigurosidad por la inminente explosión demográfica.

Las referencias para aplicar en las diferentes zonas de la ciudad este proceso de re-densificación, fueron tomadas de las grandes urbes europeas, algunas prácticas de gran valor hechas en poblados no tan extensos como Barcelona y principalmente del vertiginoso crecimiento que había venido teniendo New York. Robert Moses fue el gran planificador de NY, el que la introdujo en esa dinámica muy anglosajona de privilegiar el auto por sobre todo el espacio público puesto en la ciudad. Muy replicado por las ciudades de todo el continente. Moses muere en 1981, y sus teorías ya aplicadas algunas empiezan a ser cuestionadas por la que sería la mujer más influyente en el cambio de paradigma urbanístico de todos los tiempos. Llega de Canadá en la década del 30 a New York Jane Jacobs, una periodista que pronto se convirtió en experta de los temas urbanos, logró detener un par de grandes proyectos en la New York moderna y transformar la forma de abordar la planificación de las ciudades. La definen como la precursora de la gentrificación por que defendió siempre las mezclas de los usos de suelo residencial y comercial para darle vida a los pequeños barrios.

Rescatando parte de las enseñanzas de Jacobs e irresponsablemente parafraseando su propuesta pensé en resaltar en esta columna la importancia de la calle y con esta toda la acción dinámica que una ciudad entrega a sus habitantes y visitantes, pero como estamos con estas patologías psíquicas en la que todo lo que se diga o haga se relacionará con la contienda electoral para la presidencia, me tocó titularla El elogio de la acera entendido acera como vereda, banqueta, anden entre otras muchas formas de llamar al espacio público peatonal por excelencia de las ciudades. El nombre original es El elogio de la calle y es realmente el nombre universalísimo del espacio público.

Las cifras más generosas, hablan de una planeación cercana al 30% en las ciudades de América Latina, esto quiere decir que casi todo el territorio urbano en este continente es improvisado, y claramente el espacio para el ciudadano no está contemplado en ese desarrollo urbano, dejando a los condominios, también llamados fraccionamientos o unidades residenciales el elogio de la calle, porque es más seguro no salir a la ciudad, tiene menos riesgo vivirla en una pequeña urna que reduzca el encuentro. Hay que salir a la calle y vivir la ciudad, es urgente encontrarnos y reconocernos, es la forma más clara de construir ciudadanía.

Jane Jacobs lo repitió hasta el cansancio: “Las calles y sus aceras, los principales lugares públicos de una ciudad, son sus órganos más vitales. ¿Qué es lo primero que nos viene a la mente al pensar en una ciudad? Sus calles. Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste".

Cortesía: www.elmundo.com
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