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El inicio de la ciudadanía no podía ser peor para este lado del mundo. Sin embargo, también es esa nuestra fortaleza, que somos la suma de todos estos hechos.

¿Nos descubrieron?, ¿nos asaltaron?, ¿nos conquistaron? Este debate se dio en la década del 90. Se acercaba la celebración de los 500 años de la llegada de los españoles a América, pero no sabían si decirle descubrimiento o conquista. Igual pasó con la conmemoración del 12 de octubre, ya sonaba indigno decirle el día de la raza, entonces algunos propusieron día de la hispanidad, otros, día de las culturas, y así un sin número de nombres con los que se rotula este día que van desde el día de Cristóbal Colón, hasta el día de la resistencia indígena. Pero ¿por qué todavía tantos resentimientos vivos por acontecimientos que ni nos tocaron?

No es fácil el paso de las generaciones repitiendo las mismas angustias y trasladándolas una y otra vez (un dato para los que hablan hoy de perdón y olvido) abreviando la historia, según escribió el mismo Colón en su diario después de dos meses y antes de cumplirse una semana más, en la madrugada del 12 de octubre vieron tierra. Guanahaní era la isla. Un pueblo taíno que recibía inmigrantes de América del Sur. Decía Colón que los atendieron con amabilidad, que miraban todo lo que ellos hacían, pero que los tripulantes y él mismo veían la exuberante vegetación y las piezas de madera y barro que llevaban puestas estos indígenas, con desilusión por que no veían nada brillar. Al otro día, Colón ya pensaba en esclavizarlos. Vino cuatro veces en 10 años dando las pautas de lo que sería el sometimiento más aterrador de toda la historia de la humanidad.

En 1519 Hernán Cortés dirige la invasión a México. El gran Moctezuma lo recibe como a un huésped de honor. Cortés lo engaña, le roba el oro, las piedras preciosas, lo mata, somete a la población bajo la revivida figura medieval de la encomienda, que no era otra cosa que entregar tributo a España a cambio de que fueran convertidos al cristianismo (doble asalto, material e ideológico). Francisco Pizarro hizo lo propio con Perú 10 años después. Ya había saqueado a Colombia y dirigido al conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada para que subyugara a la población Chibcha. Hicieron la industria de explotación minera más grande del mundo, se llevaron a la mayor cantidad de indígenas que encontraron desde el sur de Colombia hasta el norte de Bolivia a extraer plata de la región del Potosí, esto por más de 200 años. Pedro de Mendoza llegó al sur. Argentina fue su misión en 1533 con los mismos vicios de sus compañeros.

La mayoría de los sacerdotes que enviaban a evangelizar estas tierras eran aterrados con el trato y el sometimiento del que fueron víctimas nuestros pueblos indígenas, y aún existen los escritos de las comunidades Franciscanas, Jesuitas, Dominicas, entre otras, que denunciaban tales atropellos. El Sacerdote Bernandino de Sahagún, Franciscano, en su libro “Códice Florentino” describe como los españoles abusaron de la hospitalidad de Moctezuma, habla del sometimiento de los Aztecas y de la usurpación de todas sus riquezas. Lo mismo hace el fraile Dominico Bartolomé de las Casas en su escrito “Brevísima relación de la destrucción de las indias”, cuenta el funcionamiento de la encomienda en Colombia, el carácter extorsivo que tenía y la relación del tributo en el camino para llegar a ser cristiano.

Lo anterior, es apenas una pequeñísima casi imperceptible historia de las atrocidades, las mismas que hoy nos tienen vivos, con genes de muchas de las etnias que habitan el mundo y con mezclas de diversas culturas. Ahora, lo importante no es como le llamemos a este día, es que allí surge el patrón de ciudadano que habitaría este territorio, de comunidades indígenas prósperas y pacíficas, violentadas y sometidas. El inicio de la ciudadanía no podía ser peor para este lado del mundo. Sin embargo, también es esa nuestra fortaleza, que somos la suma de todos estos hechos. La diversidad evidenciada en cada uno de nosotros nos llena de herramientas para tener en el horizonte la posibilidad de construir una ciudadanía diferente, más íntegra y más tolerante.

Cortesía: www.elmundo.com
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