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Miércoles, 03 Mayo 2017
Publicado en Blog
Escrito por Sergio Roldán Gutiérrez
Las vías se deben construir para las personas que andan en bicicleta


Después de la mitad del siglo pasado, recuperándose el mundo de dos guerras mundiales, el automóvil se convierte en el rey de todas las estructuras urbanas, y definitivamente la guía para la construcción más invasiva de las ciudades postmodernas, al punto de redefinir conceptos tan elementales como el de espacio público, que se convirtió en la competencia a muerte con la calle, con los estacionamientos, como si estos no fueran también espacio público.

Advirtiendo esta hecatombe que se venía venir, y ya con una carta urbana basada en el espacio para el auto, con más de un 70% de las infraestructuras dedicadas a él, se empieza a hablar del derecho a la ciudad por allá a finales de los 80´s y es solamente en el 2004 cuando se escribe un documento reconocido por todo el mundo en el foro urbano mundial en Barcelona –España-, en el que se impone un derecho fundamental transnacional que tiene como principio recuperar el bien más preciado de las ciudades, el tan anhelado espacio público. A partir de ese momento, los activistas en todo el mundo intensificaron su trabajo por el rescate de estar en las ciudades, con condiciones viables y medio ambientalmente sostenibles, sin embargo, no han sido muchos los avances.

En el pasado VI Foro Mundial de la Bicicleta que se realizó en la ciudad de México, se hablaba de poco más de un 5% de la población del mundo como usuaria de la bicicleta como medio de transporte, sin embargo los colectivos bicicleteros están hoy más activos que nunca y por ende los gobiernos locales atentos. Se empieza juiciosamente a poner en los planes de desarrollo como metas a cumplir, kilómetros construidos en ciclo rutas para las ciudades, y es que ahora resulta que no se puede usar la bicicleta si no hay una vía para andar en ellas, cientos de calles en el territorio y no se pueden usar. Es como tener hambre, mucha hambre y tener comida en la mesa, mucha comida pero no comer porque no hay cubiertos.

Adicionalmente, en ese afán de construir ciudades ya convencidos de que sabemos cómo es que se hace, nos seguimos equivocando todos los días, un ejemplo perfecto para reforzar esto que digo, es que construimos vías para las bicicletas para cumplirle a las presiones de los ciclistas, pero se nos olvida que las vías se deben construir para las personas que andan en bicicleta, mejor dicho, acá sí que aplica la máxima #CiudadaníaAntesQueCiudad claramente, construyendo ciudades para las cosas y no para las personas, como si las bicicletas se manejaran solas. Pero adicionalmente también está el súper ego de los usuarios de las bicicletas (muchos, no todos, no estoy juzgando el todo por la parte), muy reconocido por ellos humildemente en este encuentro mundial, donde creen que son superiores y que pueden infringir todas las normas y pasarse los semáforos y andar en sentido contrario, en fin, en parte justificado en lo invasivo del auto que despersonaliza a las ciudades y en parte por la cultura latinoamericana que se acostumbró a que el que regula sea justamente el menos idóneo para hacerlo y por lo tanto, reta al ciudadano, generando la eterna pugna ciudadano vs ciudad.

En todo caso, los avances en esta dirección son contundentes, aunque para todos parezca insuficiente, la mayor inversión que se hace hoy es en la formación del usuario de la movilidad no motorizada, que se verá representada a futuro en vías bien hechas, seguras, y respetadas. Por ahora, esperar con fe que estos jóvenes activistas de colectivos bicicleteros, en 10 o 15 años cuando empiecen a dirigir las ciudades, con trajes de paño y autos con aires acondicionados ecológicos, no se les olvide los ideales por los que lucharon tanto, que no vaya a ser, parafraseando al gran estadista británico Winston Churchil que si no eres usuario de la bicicleta a los 25 años, no tienes corazón, y si no eres usuario del auto a los 35, no tienes cerebro.


FUENTE: http://www.elmundo.com
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