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Viernes, 24 Febrero 2017
Publicado en Blog
Escrito por Sergio Roldán
Hay un tipo de persona que no existe, muy difícil de encontrar. Aquel que describe a una persona mal intencionada...

Por: Sergio Roldán Gutiérrez

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Hay un tipo de persona que no existe, muy difícil de encontrar. Aquel que describe a una persona mal intencionada, envidiosa, y de actuar soterrado, esa misma que se alegra con el mal del otro y que tiene en los triunfos ajenos un motivo propio de angustia. Sería un milagro cruzarse con alguien así en la vida: “el excepcional”.

Los niños de hoy ven a sus padres saludar, todos lo hacen; todos se sientan a comer en familia, una práctica que enseña el compartir, el esperar y el respetar. Con mayor razón, “el excepcional” nunca va a existir.

Estamos frente a una condición singular, pues, nunca se escucha o se ve en los medios información donde quede en evidencia este tipo de personas y las cosas que hacen: atropellos, trampas y discriminaciones entre otras. Por eso nuestros jóvenes siempre confían en la sinceridad y honorabilidad de los gobernantes y empresarios, y crecen siguiendo su ejemplo.

Los comentarios y actitudes donde se menosprecia, difama y juzga, poco influyen en la vida de nuestros estudiantes universitarios, a ellos el entorno los forma con el ejemplo. No se les habla de lo que no se debe hacer, sencillamente no lo hacen. Por eso no tenemos que preocuparnos por nuestros adolescentes, pues está asegurado que no serán como estos “excepcionales” que describo al inicio.

Personas como estas no pueden existir por un par de razones: primero, los niños y jóvenes de hoy tienen que luchar para conseguir todo lo que quieren. Si por alguna razón se les antoja algo, tienen que esforzarse muchísimo para conseguirlo. Los padres que trabajan día y noche para preservar el nivel social que se han ganado a pulso, no van a resolver todo dando a sus hijos lo que pidan, con el argumento de que a ellos no les puede tocar tan duro. ¡Claro que no! En las horas en que se dedican a la formación en el hogar -la más importante y significativa-, no entretienen a los niños viendo televisión o con videojuegos, sino que les enseñan la tolerancia al fracaso, les orientan para reconocer cuáles son las prioridades; por eso, lo esencial es el bienestar de todos en casa y la educación, no los requerimientos de juguetes, zapatos, ropa, salidas... Estos padres recalcan que ser es la meta y tener y parecer, unos accesorios innecesarios.

Segundo: los niños y jóvenes de hoy son verdaderos independientes, hacen de todo, comen de todo, no se quejan; se encargan de sus asuntos porque entendieron que nadie puede ocuparse de sus responsabilidades. Todos los días, limpian y organizan su habitación y, si no lo hacen, sus padres inmediatamente les llaman la atención para que no se les vuelva costumbre el desorden. Estos niños y jóvenes de hoy lavan la sábana en la que duermen, arreglan su ropa, se ocupan del plato en el que comen para dejarlo limpio y en su lugar, ayudan con las labores de la casa, son muy atentos, les encanta leer, en fin… Ya se darán cuenta entonces de dónde vienen los excepcionales a los que me refiero.
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