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Martes, 13 Diciembre 2016
Publicado en Blog
Escrito por Sergio Roldán
Hablar de ciudadanía es difícil en tiempos en donde la política como actividad intrínseca humana se ha desdibujado, ya que múltiples tempestades han arrasado con su connotación más pura y constructiva, llevándola a ser considerada como la peste que está infectando a la sociedad. Se puede decir por lo anterior, que la política ha dejado de ser ese nexo que une a las personas por medio de las ideas que alimentan el bienestar común, porque su ejercicio dejó de ser de los ciudadanos para convertirse en la actividad de unos pocos.

El ciudadano, es el ser que emana de la diversidad, la criticidad, y que principalmente se encuentra movido por el interés de que el bien común sea una realidad en todos los ámbitos de la vida. El ciudadano tal y como las fichas de un rompecabezas, encuentra su sentido en el encuentro con el otro, y en la unión de sus cualidades se puede visualizar un solo objetivo: alcanzar el desarrollo integral de los habitantes de la ciudad, en disfrute de su territorio y los recursos .

La conciencia de la importancia de ejercer una ciudanía responsable es un requisito primordial e irremediable para que una ciudad pueda gozar de un desarrollo completo, porque este no puede ser labor de los gobernantes, quienes son facilitadores de las políticas y de las soluciones propuestas de los ciudadanos. Los gobiernos no tienen la capacidad para intervenir todos espacios de la vida de la ciudad, por eso su papel es el de administrador y de mayordomo de los recursos que se utilizan para la realización de los objetivos que la ciudadanía demarca como prioridades.

Hoy vemos como las uniones con fines políticos son movidas por intereses personales, lo que las hace tan efímeras como sus conquistas, pues no van más allá de la consecución de un triunfo electoral, y están lejos de materializar proyectos que transformen a la sociedad. Así también los grupos configurados como tribus que habitan en las urbes, son el termómetro de la fragmentación social, que se da por el solo hecho de no tolerar la diferencia. Éstos elementos permiten asegurar que el miedo a la diferencia y el egoísmo desfragmentan la base sobre la que se soporta la ciudadanía.

*Director de la Agencia de Educación Superior de Medellín SAPIENCIA; Magíster en Derecho Procesal de la Universidad de Medellín; Especialista en Planeación Estratégica Urbana del CIDEU; Catedrático universitario en Colombia, México, Argentina y España; Asesor externo de la Asociación Mexicana de Institutos municipales de planeación; Fundador y Asesor experto del Grupo Urbano Medellín; Consultor Internacional en el diseño, gestión y desarrollo de políticas publicas.


La ciudad actual esta sobrepoblada gracias los continuos flujos migratorios de personas que están en la búsqueda de mejores condiciones de vida, pero éstas no se logran por la misma perdida de la identidad de sus habitantes, quienes no se reconocen como ciudadanos, negando su responsabilidad y renunciando al derecho de exponer sus posiciones ante otros, para llegar a consensos entre poderes, que permitan lograr el anhelado del derecho a la ciudad.

El llamado es a buscar por todos los medios, el florecimiento posmoderno de la ciudadanía perdida, en nuestras ciudades conurbadas, en crecimiento exponencial y expansión constante; que se despierte en las personas la identidad de ciudadanos sobre todo tipo de distinción, porque el valor de la participación esta por encima de toda condición económica, posición filosófica, creencia religiosa o tendencia política.
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