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Lunes, 12 Diciembre 2016
Publicado en Blog
Escrito por Segio Roldán
“…La banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y en el campo de la información que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo…”

La civilización del espectáculo

Mario Vargas Llosa


En el auge de las cosas inteligentes, denominación que puede parecer muy particular, puesto que es una característica que sólo le es dada a las personas; ocurren casos como el siguiente: en la empresa de computadores Dell con sede en Ciudad de Panamá, un funcionario del call center comenta que un cliente le llama para reclamar la garantía de su equipo que luego de un mes de comprado ya no prendía más. Indagando las razones por las cuales había expirado el equipo, el funcionario le pide al cliente que relate cómo había venido dando uso a su nueva computadora portátil. Dice el desconcertado dueño que él iniciaba su jornada de trabajo y ponía el vaso en el lugar para poner el vaso, al terminar, presionando el espacio para poner el vaso, este se escondía y entonces apagaba el computador. Pensaba que su unidad de CD era para poner el vaso.

El empleado de Dell decía: ¿de qué sirve tener el mejor reproductor y copiador de cd´s del mundo en un computador si la gente piensa que es para poner un vaso? Parece un mal chiste, pero fue cierto. La era de lo “smart” paulatinamente está llevando al ser humano al desarraigo de sus costumbres y aunque la sofisticación no es mala, el problema radica en que no todo el mundo está aún preparado para esto.

Un ejemplo de esto, es el manejo del tiempo “en línea”, pues está bien que todo el tiempo se esté conectado, pero hay que saber cuándo desconectarse y esto debe hacerse varias veces por día.

La editorial Alfaguara lanzó el último libro del nobel de literatura Peruano Mario Vargas Llosa, un ensayo llamado “La civilización del espectáculo”, citado al inicio de este escrito, el autor pronostica la desaparición de la cultura y expresa que la dinámica de entretener al auditorio se convirtió en cultura trayendo consigo el eclipse del intelectual de hoy.

Es que si Vargas Llosa y otros afirman que la cultura cambió, que ya se perdieron los vestigios que quedaban, entonces, ¿Qué es cultura para el mundo actual?, ¿las manifestaciones culturales de los pueblos mutaron?, ¿cambió la cultura?

Las anteriores son una serie de preguntas recurrentes que andan merodeando por el mundo, y a las que trata de dar respuesta en noviembre del 2001 cuando las Naciones Unidas emiten la Declaración Universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural, ratificando en su articulado la importancia de las manifestaciones culturales como patrimonio inmaterial de la humanidad y su función preservadora de los derechos humanos.

¿Qué hacer para salirle al paso a esta crisis cultural que el mundo vive? Este cuestionamiento daría la fórmula mágica para preservar la identidad de los pueblos si se responde bien. De manera simple esbozaré una aproximación desde la experiencia, sin embargo la respuesta exacta estaría enmarcada un la elaboración de una Planeación Estratégica de la Cultura fundamentada en las orientaciones principales de un plan de acción para la aplicación de la declaración universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural.

Para hacer una Planificación Estratégica de la cultura necesariamente nos tendremos que remitir a la historia, la universal, la local y la de los pares, al folklore, a la cultura, las costumbres, los sueños de la ciudadanía, las expectativas de vida, en fin, todo entra en esa amalgama de interrelaciones y conversaciones que se tienen que dar para simplemente formular un diagnóstico. Es necesario que a la luz del documento de la UNESCO se potencien elementos como el patrimonio cultural, la identidad, el pluralismo, la diversidad y los derechos humanos. La preservación de la cultura es el objetivo final, pero la planeación estratégica de la Cultura el medio, el fin la autenticidad y la diversidad, lo que en términos de Platón de denominaría como "La Felicidad".

Thomas Moro en la Gran Bretaña del siglo XVI, luego de ser parlamentario y tratar de transformar Londres en 1500 y no poder realizar sus objetivos, escribe "La Utopía" retomando "La República" de Platón. La ciudad no cambia si se transforma ella, cambia si se transforma la gente que vive en ella, que es finalmente lo que ya había advertido Platón en el siglo IV a.c y lo refiere –Thomas Moro en el XVI, es decir, hasta acá, no se ha dicho nada nuevo, ya lo sabíamos desde el año 400 a.c.

Debe de estar claro que los ciudadanos cambian con la post-modernidad, esto se refleja en que hace poco menos de 20 años la única forma de enviar un comunicado urgente era en un telegrama, mas hoy logramos hacer contacto con en términos de microsegundos. Como se dijo, la gente cambia por lo tanto la planeación estratégica de la Cultura que se hace para la gente tiene que ser dinámica, tiene que recibir actualizaciones y modificaciones de acuerdo a la evolución tecnológica de los tiempos. 

El profesor José María Pascual Esteve, economista Español, destaca en todas sus intervenciones al ciudadano como actor fundamental de la ciudad, parafraseándolo "el papel del ciudadano en el auge o en la decadencia de la ciudades" esta delimitado por la capacidad de la ciudad en crear espacios para interactuar, para encontrarse, para conocerse, para enamorarse, en síntesis, "las ciudades creativas" como también lo expone Richard Florida.

El valor del la planeación estratégica de la cultura es inconmensurable en dinero, por eso la necesidad de un modelo cooperativo para su gestión y ejecución ya que se necesitan inversiones importantes en tiempo y dinero, para conservar aquello que representa la riqueza social, así como lo es la Feria de las Flores en Medellín, el Carnaval de Río de Janeiro, el trabajo de la plata en Taxco-México y del acero en Alcalá de Henares en España y las demás las manifestaciones culturales que permanecen aún en el mundo.

Cuando se logra mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, la pertenencia para con la ciudad, se promueve la formación en valores, se busca la corrección de conductas, entre otras cosas, se justifica la planeación estratégica de la Cultura como una política que se compone, de programas de formación, de intervenciones urbanas con la voluntad de los gobiernos.

Cultura vs Mínimos Básicos Para Vivir.
La justificación para la pérdida de principios y valores sociales.

Infraestructura urbana sin infraestructura humana, no funciona, “Un pueblo que valora sus privilegios por encima de sus principios, pronto pierde ambos” dice Dwight D. Eisenhower. Es que no puede ser lógico que se estructuren ciudades inteligentes sin ciudadanos inteligentes, se invierte mucho en lo infraestructural, en el diseño y se dejan de lado los parámetros culturales, las costumbres, los principios. ¿Cómo es posible que se planee una ciudad poniendo como prioridad lo estético sobre lo fundamental?, ¿Qué puede ser más importante que los mínimos vitales?

Es asunto álgido este de los mínimos vitales pues nos lleva a tratar de explicar comportamientos extraños, producto de la descomposición social como el de los “maras salvatrucha” en El Salvador, el de “Los cárteles de la droga en Colombia”, el de los grupos subversivos de Ciudad Juárez en México, el de los “Zombis” en Haití, por mencionar algunos, esto sin contar con las comunas de Medellín, las villas de emergencia de Buenos Aires, las favelas de Río de Janeiro, entre otros lugares donde no hay ni la más mínima posibilidad se desarrollo integral porque en las ciudades donde están ubicados hay mas sociedad que estado, donde es más amplia la ciudad improvisada que la planeada.

A este nivel, la propuesta de Abraham Maslow con su teoría de necesidades cobra vigencia, y es que si no está resuelto lo básico, esto es, la alimentación, salud, servicios básicos domiciliarios, acueducto – agua potable -, alcantarillado, entre alguno más, pensar el desarrollo de los valores y principios para la conservación de la cultura es inútil. Pero si resuelto esto, no hay trabajo, no hay seguridad, no hay educación, se complica aún más puesto que la población sólo vive con lo mínimo.

Es extraño, pero en estas ciudades del tercer mundo, no sólo la población prioriza el tener sobre el saber, sino que también los que dirigen lo hacen, haciendo de estas regiones lugares inviables, sin dirección y sin futuro. Si las cosas fueran más importantes que la ciudadanía, ¿qué sentido tendría la felicidad o la tristeza?

Es verdad que todo lo que ocurre en las ciudades afecta a las personas que en ellas viven, trabajan, consumen; pero también es verdad que cada ciudad debe crear propuestas que transformen e incentiven a sus ciudadanos para que enérgica y decididamente participen en la construcción del desarrollo. Esto se podrá lograr cuando cada persona asimile que lo bueno o malo que haga o deje de hacer afectará el camino colectivo al desarrollo.

Para terminar e irresponsablemente parafraseando al Profesor Eisenhower, hay que definir como prioridad el principio, cacofónicamente pronunciado, si no se trabaja hacia esa dirección, todo lo que se haga es un privilegio que no se puede tener, en otras palabras, es una infraestructura urbana sin la infraestructura humana, y esto no es estratégico. Ciudades inteligentes sin ciudadanos inteligentes, es el principio del fin de la cultura. La definición de prioridades para países en vía de desarrollo está necesariamente concentrada en la satisfacción de las condiciones mínimas vitales, a partir de ahí, la generación de propuestas para el desarrollo. ¿Es posible de manera simultánea fortalecer la calidad de vida de la ciudadanía y el equipamiento y mobiliario público para la preservación y promoción de la cultura? La respuesta sin mucho análisis es sí, pero de fondo contundentemente la respuesta es no. Sin que exista una porción de alimento para pasar el día, no es posible, sin que exista algo para vestirse, un lugar para vivir, una institución educativa a donde ir, sin trabajo, sin agua, sin electricidad, sin alcantarillas, es inútil, no se puede pasar al dos sin hacer el uno.

Para concluir, la consecución de ciudadanos inteligentes, pese a las ciudades inteligentes, no consiste en saber operar las intervenciones de domótica que se encuentran en la calle, consiste en que la cultura permanezca intacta aún con todo en contra. Para lograrlo es necesario poner unos medios fundamentales, los mínimos vitales deben de estar cubiertos, las necesidades básicas satisfechas y con esto, se construye la base para la generación de políticas culturales para el desarrollo.



BELTRAN, Roser / MANITO, Félix. (2008). Aprendiendo de Colombia. Cultura y educación para la convivencia y la paz. Barcelona: Fundación Kreanta

VARGAS, Mario. (2012). La civilización de la cultura. Ed Alfaguara. Madrid España

SALAZAR, Alonso. (1990) No nacimos pa´ semilla. Editorial CINEP. Bogotá Colombia



Cibergrafía

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www.edu.gov.co
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