Las virtudes son los buenos hábitos adquiridos con el tiempo, no se nace con ellas, se practican fácil de acuerdo con el hábito de ejercerlas frecuentemente. Las acciones cotidianas que se repiten una y otra vez, todos los días, todo el tiempo, son las que definen el desarrollo intelectual de las ciudades, y con ese, el futuro urbano. Parece simple, pero es que del comportamiento que tenemos en la calle, que usualmente es inconsciente, se pueden deducir tantas cosas del futuro de las ciudades, que nos cambiaría nuestra forma de relacionarnos con cada equipamiento, con cada ciclovía o acera que toquemos, si lo supiéramos.

Desde que tenemos uso de razón vemos a nuestros mayores, bañarse, lavarse los dientes, entre otros, al punto que genera incomodidad pasar un día entero sin hacerlo. Algo así es lo que trato de explicar con los comportamientos en la calle. Desde que estamos pequeños vemos a todos abusando de la ciudad, ensuciándola, rayándola, robándola, dañándola y crecemos padeciendo los autos en las aceras, en las ciclovías, esquivando las bolsas de basura. Además, si no bajamos de los autos a los niños, si no caminamos con ellos por la ciudad, la reducción de emisión de gases contaminantes a futuro será imposible. Las virtudes urbanas son la consecuencia de ciudadanos conscientes de la ciudad, que la cuidan y la gestionan, que entienden que no se puede hacer nada que atente contra el espacio público, puesto que ahí pasa la mayor parte del tiempo el ciudadano. Una virtud es saber que hay que hacer (y hacerlo) y saber que no hay que hacer (y no hacerlo) esto es bueno para el que la tiene y mucho mejor para el que la recibe, porque dinamiza las formas de comportamiento en las ciudades, porque genera la posibilidad de un futuro próspero. Parte del éxito de estas estructuras urbanas de este lado del mundo es la reducción significativa de las informalidades, y eso en parte, depende de la formación ciudadana en valores y virtudes desde los niños y la reiteración, casi invasiva de esta estrategia todo el tiempo. Quiero decir con esto que es proceso que toma tiempo, pero que hay que empezarlo cuanto antes, pero no sólo para que la ciudad se mantenga limpia, y se respete el espacio público, sino para saber elegir al que va a dirigir, para ser capaces de denunciar al que desestabiliza esta armonía, tanto en lo que está en el campo de los comportamientos inadecuados, como en los que ya pasan con lo ilegal. La Universidad de Ámsterdam, junto a la ESAP – Escuela Superior de Administración Pública, en su investigación sobre la ética de la responsabilidad ciudadana, hablan de la Ética de la Responsabilidad, y se refieren a ella como la otra forma de simpatizar con la ética de la felicidad pública, y basado en unos resultados contundentes donde la totalidad de los encuestados admiten que han tenido comportamientos que van en contravía a la ética y a la moral en el espacio público, como dejar el auto en la vía peatonal, comprar en lugares no autorizados, arrojar basuras, en fin, pero además afirman en este trabajo que uno de los bienes públicos es el ejemplo, la confianza que genera que todos se comporten bien y generen adeptos a esos comportamientos en quien los vea. El caso con esto es que #CiudadaníaAntesQueCiudad tiene como propósito ser el valor urbano por excelencia. Es en la construcción del ciudadano que se forja la precisión de la ciudad, la buena planeación, la buena vibra.

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FUENTE: https://www.elmundo.com/noticia/Virtudes-urbanas/376754