Es una constante en nuestras ciudades que paulatinamente la población nativa se va mezclando con gente de todas partes. Al menos, en las cinco capitales principales de América Latina es evidente; Ciudad de México, San Pablo, Santiago de Chile, Bogotá y Buenos Aires, donde más de la mitad de su población no es nacida allí, vienen de otros lugares de cada país la mayoría y cada vez más aumentando el número de extranjeros radicados. Esas son razones de peso para pensar en la gestión de la diferencia cultural como una necesidad urgente. La ONU Hábitat dice que la población urbana en el mundo superará los seis mil millones de habitantes para el 2045, lo que implica la adaptación urgente de las ciudades en servicios básicos, además de actualizarse en vivienda, infraestructura, transporte, eso sin contar que la producción de energía tiene que ser limpia, la emisión de gases contaminantes al aire tiene que ser con tendencia a cero, fuera de eso, los temas de empleo y educación, que no son menores. Enormes retos para actualizarse hoy se tienen en los centros urbanos, pero ser capaces de soportar al otro, de entenderlo, de tolerar los tonos en las conversaciones, las otras formas metodológicas para resolver los problemas, y mil diferencias más que existen en este mestizaje creciente que definitivamente hay que prepararse para eso y hoy mismo. Al cierre del 2018 había más de 28 megaciudades con más de 10 millones de personas (Habrá 41 en el 2030) según el mismo informe de la ONU Hábitat, y continúa diciendo que poco más de 500 ciudades tiene más de un millón de habitantes.


Es muy común ver como las grandes instituciones que abren sucursales en países y ciudades diferentes, por no tener esa diferencia cultural como un asunto principal a gestionar, se vienen abajo y en muchas ocasiones es la razón por la que les toca cerrar y afrontar su pérdida. Hoy lo vivo a diario y realmente me cuesta creer que se piense que hay que seguir al pie de la letra en todos los territorios las indicaciones centrales cuando la realidad cultural podría ser un gran aliado que optimizaría todo.

Dentro de la promoción de los procesos de planeación de cada ciudad, hay que poner obligatoriamente este punto en la agenda, no hay producto, ni indicador cierto con la improvisación, y pienso que este lado del mundo está dejando descubierto del todo esta realidad que cada vez más determina el desarrollo social de las ciudades. Las que se han encargado de integrar las culturas, respetando las diferencias y promoviendo los temas en común han sobresalido notablemente, como Tokio, Estambul, Shanghái, las que no, han generado una brecha social que difícilmente se integrará como El Cairo, Ciudad de México, New Deli y San Pablo solamente por mencionar algunas. Promover el tan mencionado #CiudadaníaAntesQueCiudad además de ratificar la necesidad de intervenir los cerebros para que estén preparados para gestionar la diferencia cultural, me ha dado la oportunidad de vivir muy de cerca la velocidad con la que se han venido globalizando nuestras ciudades y a estas alturas, educar todos los días, todo el tiempo, aunque parezca que no sirve de nada, es la única salida. Así los que llegan se enteran, y los que están hacen consciente que hay otros más con los que tienen que convivir.

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FUENTE: https://www.elmundo.com/noticia/La-gestion-de-la-diferencia-cultural/376322