Una de las paradojas más complejas frente a la acción del ciudadano, es que usan a sus elegidos para que estos constantemente estén resolviendo todos los problemas que se les presentan con el sector público, de tal forma que si necesitan pasar a la universidad, llaman a su elegido, y si por alguna razón hubo una sanción, un comparendo, una multa, si están en un proceso de selección, en un concurso de méritos, en una licitación, y ni hablar de los reconocimientos, becas, incentivos y auxilios. También para las adjudicaciones de unidades de vivienda o pequeños establecimientos de comercio en la vía pública, en fin, ni las entradas a los eventos, o al estadio, se salvan de esta mala práctica que hace que la grandísima mayoría de las llamadas de los electores a sus representantes sean para pedirles encarecidamente que emprendan un tráfico de influencias ágil y discreto para que así puedan seguir queriéndolos hasta que se pensionen en sus curules y que eventualmente puedan heredarlas por un par de generaciones más.

Es una lógica rara, porque decimos a gritos “No más políticos corruptos” y acto seguido exigimos que nos resuelvan todos los inconvenientes con una llamada. Sin hacer filas, sin pagar, sin tener las competencias, sin cumplir con los requisitos. Es una dinámica tan común que parece normal, y por eso cuando se hacen campañas para hacer consciente algo que está excediendo la racionalidad, pensamos que el problema es todo lo que hay alrededor mío. Pensamos que el problema son los carros. No, que realmente son las motos. Pensamos que el problema es el plástico, que son las harinas, la incultura de este país, la basura, el hambre.

Es muy particular que no entendamos que nos estamos equivocando todo el tiempo, que no diferenciamos lo legal, de lo ilegal, que confundimos los valores, que no seguimos las reglas. En América Latina, el principal problema sigue siendo la corrupción (Ipsos, Latinobarómetro) pero solamente se mide con referencia a los dirigentes, donde tomaran en cuenta las innumerables acciones de los ciudadanos para evadir todas las reglamentaciones impuestas, quedaría en evidencia que el problema es de principios y valores. Una definición rápida para ayudar a entender por qué estamos como estamos: Los primeros son postulados orientadores, algo así como los parámetros de nuestra conducta, son como las raíces del árbol. La vida, la justicia, el amor. Los valores son cualidades, atributos que se respetan por encima de todo, son los que definen nuestra personalidad. La honestidad, el respeto, la lealtad, la responsabilidad, entre otros. Ambos deberían ser parte del material genético. Pero es que hoy ni nos saludamos. El punto es que en teoría, el ejercicio de la ciudadanía es elegir a sus dirigentes, y claramente son como los electores los que ganan cada ejercicio democrático, así que ya va siendo hora de hacernos una transfusión de principios y valores urgente, para tratar de salvar algo en el proceso de octubre y juiciosamente empezar a actuar bien, para tener un futuro próspero. Esa sería la materialización perfecta de #CiudadaníaAntesQueCiudad y la felicidad absoluta para todos también.


La tranquilidad la vamos a tener en la medida que confiemos en los que nos gobiernan y eso tomará tiempo, así que una buena práctica sería elegir bien, y es relativamente simple; si el proyecto del candidato se concentra en ser elegido, ya no va tan bien. Si el proyecto se basa en gobernar, y es claro su conocimiento y son alcanzables sus metas y la forma de lograrlas, entonces, ya hay certeza, al menos de poder hacer seguimiento y eso ya es proyecto sólido.

__________

FUENTE: https://www.elmundo.com/noticia/De-los-principioslos-valores-y-el-ciudadano/376254